Moros y Cristianos fiestas de Valverde de Júcar
|
 |
Los Dichos, para nosotros; alardes, entradas, embajadas o funciones –para
otras localidades y celebraciones-, de Moros y Cristianos, es la denominación
corriente con que se conocen estas representaciones del teatro popular español.
“La figuración, presenta de ordinario, a musulmanes frente a cristianos, cuyo
tinte se ajusta a un hecho histórico, además de poseer una raíz más bien
religiosa y un carácter simbólico, fácilmente adivinable.
Es, en la mayoría de los casos, rito integrante de una fiesta
de carácter votivo. Su desarrollo suele ajustarse a la sucesión de dos combates,
en el primero de los cuales son vencidos los cristianos, vencedores en el
segundo con el auxilio divino recibido por la intercesión del Santo Patrón o de
la Virgen.
Personajes principales son los reyes moro y cristiano,
algunos de sus generales, capitanes, alféreces y músicos de ambos ejército, con
asistencia de uno o varios mayordomos encargados de atender las necesidades de
la Santa imagen.
Entre los combates se suceden parlamentos y disputas en que
unos y otros oponen razones y argumentos. Finalmente, se obra el milagro y la
lucha se inclina a favor de los cristianos.
Acostumbra a centrarse la acción sarracena no en la conquista
del territorio, sino en la pretensión de apoderarse de la imagen sagrada a quien
el pueblo tiene por patrón y valedor”. (Moros y cristianos, IV Congreso
Arqueológico del Sudeste Español, Cascais, 1950).
La narración de este comentario sobre nuestro Dichos podría ser más o menos
así:
Comienza la representación de la escena tradicional y legendaria. Se hace un
silencio total, sobrecogedor.
Nos encontramos en los Dichos, escenificación en tres
actos o encuentros, cuyo texto en verso se compone de 254 estrofas, redondillas
–con algunas excepciones- de versos octosílabos con rima consonante.
Guerra verbal entre los Generales de Dichos o
Dicheros de ambas Compañías, que en versos menores, declaman los fundamentos
de su fe, hiriendo a la vez, las creencias religiosas del contrario. La tensión
que se respira en el ambiente es indescriptible.
Los Generales (por un día), encargados de recitarlos, montan
caballos ricamente enjaezados.
Están desarrollados los Dichos en tres actos
perfectamente delimitados por su contenido y su escenario que, de manera
inamovible será el de la Plaza de la Verdura (primer encuentro), las
Cuatro Esquina (segundo encuentro) y Plaza Mayor (tercer encuentro).
-
Primer encuentro 
Representa la toma de contacto entre ambas Compañías –Mora y Cristiana-, que ya
se han avistado. Los Generales, por medio de arengas, previenen a sus tropas de
la presencia del enemigo.
Los cristianos, anteriormente, han destruido por el fuego la
imagen de Alá. Los moros claman venganza y pretenden hacer lo mismo con la
imagen del Santo Niño.
En el parlamento, afloran las amenazas, insolencias y
desafíos. No hay acuerdo. Las voces son de ¡GUERRA A MUERTE!. Comienza la
batalla. Fin del primer encuentro.
El estruendo de las armas es ensordecedor. La pólvora corre e inunda de
exposiciones y humo el enorme espacio de la Plaza de la Verdura. Se pierde por
completo la visibilidad y el aire se hace denso e irrespirable. No hay lugar
para el perdón y la piedad.
La fuerza en la lucha de la morisma, alentada por el clamor
de la venganza, logra arrebatar al ejército cristiano su tesoro más preciado y
querido, la imagen del Santo Niño que, en ese momento, es despojado de su
sombrero (bicornio) y luce ahora un turbante blanco bordado en seda y oro,
coronado por la Media Luna.
La hueste cristiana ha quedado diezmada por la violencia de
la batalla. Su mesnada en franca huida, cae en desánimo y en la más profunda de
las tristezas.
- Segundo
encuentro

El General
cristiano logra reunir a sus soldaos y les muestra con tristeza, la desolación
que están viviendo: su Santa Imagen, sus banderas y estandartes han caído en
manos agarenas, su honor y su orgullo también.
Aún así, les anima y les infunde el valor perdido. Todos,
rodilla en tierra, piden al Creador perdón y ayuda, pues están decididos a
combatir nuevamente contra el moro para recuperar al Santo Niño, sus banderas y
la gloria perdida.
Entre tanto, el General moro, ufano y victorioso, prepara el
festejo de su éxito y manda a sus emisarios que canten las grandezas de su
victoria al Emir; al tiempo que promete a sus guerreros quemar la imagen de Dios
Niño junto a los estandartes cristianos. Y cuando ya ultima los preparativos
para culminar el sacrilegio, se presenta ante la morisma el ejército cristiano
con mensajes de paz y reconciliación. El musulmán, orgulloso, rechaza la
proposición. El castellano, piadoso, insiste y pide que recapacite, recitándole
con amor los pródigos del Padre Celestial y el acontecimiento de la Creación. El
sarraceno obstinado, insulta, amena y reta a muerte a los reconquistadores, pues
piensa, que la manera de proceder de su adversario es signo de cobardía y
debilidad.
Nos encontramos en el preludio de una nueva y cruenta
batalla. Pero esta vez con matice y resultados muy distintos de la primera.
La morisma mayor en número y ánimo en choque contra la hueste
cristiana, diezmada en número pero fortalecida en su fe. La carga es inmediata,
con toda su crueldad, estruendo y destrucción. Pero.. se produce el milagro. Los
cristianos, parece invencibles y es tal su afán en la batalla, que logran rendir
a los musulmanes sembrando el terror y la dispersión en sus filas. (Fin del
segundo encuentro).
El General agareno está enmudecido y roto ante la proeza de su enemigo. No
comprende cómo en un instante, un puñado de soldados han vencido y puesto en
huida a su poderoso ejército.
Es, entonces, cuando se produce el segundo milagro.
- Tercer encuentro

La LUZ, ilumina al mahometano y viene a mostrarle que el único Dios verdadero es
Jesús, el Hijo de Dios crucificado. Es tal la claridad de visión del africano,
que al instante comprende, cómo la razón y la fuerza está aposentada en el brazo
de su enemigo. Y reza en voz alta el Credo, bajo la mirada severa del
cristiano que a punto está de volver a la carga, por creer que es una patraña.
En el último instante, detiene sus armas y su hueste y observa conmovido cómo
las palabras del moro están cargadas de arrepentimiento y sinceridad.
En última instancia y como prueba final, pide al mahometano
que descabalgue y se postre de rodillas ante la imagen del Santo Niño. El
africano servicial, accede gustoso, entregando acto seguido las armas.
Finalmente, pide el bautismo. El cristiano, piadoso, ayuda a incorporar a sus
hermano, y tras abrazarse, ambas Compañías, entran en la Iglesia gritando: ¡¡¡
VIVA EL SANTO NIÑO !!!
Al punto, la Plaza Mayor se viene abajo. Las descargas a
discreción hacen temblar el suelo. Esta vez, en señal de alegría incontenible.
Pedro
Esteso Carnicero
Texto: Breve Introducción (Dichos del Credo), extraída del libro "Esencia
de una tradición" escrito por Pedro Esteso Carnicero.
Si lo desea
también puede ver un video del año 2006 grabado por Castilla La Mancha TV y
narrado por Pedro Esteso.
- Video

* Clicar en las flechas naranjas para acceder a la lectura de Los Dichos o para ver el video.
|